Llamar a prostitutas transforma el sexo en un juego de gratificación instantánea, fácil, altamente gratificante y emocionalmente exigente, donde casi todas las prostitutas ofrecen una sensación de novedad. La experiencia es similar a la de los emperadores de las dinastías Ming y Qing de China, que elegían concubinas para sus noches. Al igual que los antiguos emperadores hojeaban las placas de identificación de su harén para decidir a qué concubina favorecer esa noche, las prostitutas son tratadas como "bellezas del harén", elegidas libremente y disfrutadas en cualquier momento, sin carga emocional, responsabilidad ni secuelas.